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12/19/2006

JOSE MARÍA PINO SUÁREZ Y UNA HISTORIA DE AJEDREZ Y AMOR EN MÉRIDA


Madero y Pino Suárez
Madero y Pino Suárez
Pino Suárez
Pino Suárez
Foto de la Toma de Juárez
Foto de la Toma de Juárez

POR MI. RAUL OCAMPO VARGAS.

Ese 2 de febrero de 1908 tuvo para todos los habitantes de Mérida, Yucatán; una importancia muy especial. Don José María Pino Suárez tenía planeada una serie de actividades ese día e iniciaba su agenda, poco antes de las ocho de la mañana, respondiendo a la invitación de uno de sus amigos ajedrecistas a un acto histórico.

El amigo que lo había citado era nada menos que Monseñor Martín Tritschler y Córdova, quien ese día recibiría solemnemente el palio, que simbolizaría su investidura arzobispal. La Catedral de Mérida por fin tendría a un Arzobispo de Yucatán oficiando. Ya hacía casi diez años, el Papa León XIII había decido que Yucatán pasara de obispado a Arquidiócesis, pero varios eventos habían retrasado que se hiciera oficial esta decisión.

Primero habían muerto dos obispos de Yucatán, y luego de que el Papa nombrase a Don Martín Tritschler, el mismo León XIII falleció en 1903 sin poder crear esa Arquidiócesis, tarea que completaría su sucesor Pio X. Don Martín compartía con su Santidad León XIII y con su amigo Don José María Pino Suárez una afición común: el ajedrez. Se contaba en tertulias ajedrecísticas que cuando Don Martín estudiaba en la Pontificia Universidad Gregoriana en Roma, algunas veces fue invitado por el secretario del Papa León XIII a jugar partidas de ajedrez con el Pontífice.

El caso es que en Mérida, algunos ajedrecistas, muy especiales, contaban con la amistad del entonces obispo. Uno de ellos, Don José María Pino Suárez, no podía ser más especial. Además de una gran cultura y una auténtica afición al ajedrez, era un poeta de sensibilidad exquisita, de facilidad de voz y de palabra, y de una presencia que inmediatamente despertaba confianza.

Varios amigos de Don José María, habían quedado de reunirse la tarde de ese día para celebrar también la fundación del Club de Ajedrez en el edificio opuesto exactamente a la Catedral en la gran plaza central: el “Olimpo”. Algunos intelectuales jugaban con el hecho de que se llamase “Olimpo”, igual a la sede mitológica de los dioses griego, a un edificio exactamente enfrente de la Catedral de Yucatán, ya sede de la Arquidiócesis, tras ir ascendiendo de Parroquial Mayor a Catedral.

El caso es que elegir poner el nombre de Don Andrés Clemente Vázquez, ajedrecista colaborador de Don Benito Juárez y Don Sebastián Lerdo de Tejada, no tenía nada que ver con posiciones anticlericales, pues no se sabía que Don Andrés fuera masón, o estuviera en contra de la iglesia. De cualquier manera, Don José María, con la prudencia que lo caracterizaba, puso a consideración del obispo de Yucatán el nombre.

Realmente para monseñor la cosa no era de importancia, pues no veía significado especial en el nombre del club y mucho menos en que se situara en el “Olimpo”, prometiendo a Don José María ir a bendecir el local, siempre que se inaugurase después del 2 de febrero de 1908, para ir con la investidura de Arzobispo de Yucatán.

Todo estaba listo para que aquella tarde se firmarán los acuerdos de fundación del Club y realizar la inauguración oficial el 2 de abril, aprovechando el asueto oficial en conmemoración de una batalla del General Porfirio Díaz, presidente de México. Ese era el plan original. Pero tanto a Don José María como al Arzobispo, aunque por diferentes razones, no les agradaba que la inauguración se diera en esa fecha. Preferían otra, un poco menos política. Ambos “complotaron” para lograr que los miembros del Club de Ajedrez cambiaran la fecha sin tener que aceptar Don José María y el Arzobispo que tenían interés en ello, y mucho menos tener que explicar las razones.

Para Don José María, nada de lo de Don Porfirio y de su ejército le era agradable, aunque un tío suyo, Joaquín Cassasús, fue Ministro de Díaz durante 20 años y en 1908 estaba preparando un libro que le dedicaría. Para el Arzobispo significaba celebrar una fecha de una derrota del Partido Conservador y de la Iglesia de México ante las fuerzas juaristas.

Hasta aquí, todo va bien, dirá el lector, pero ¿Dónde entra el amor en esta historia? Primero que nada, hay que aclarar que el relato es totalmente histórico, y lo confirman notas de varios cronistas, como Don Manuel Marquez Sterling, el Dr. Carlos Fruvas e incluso algunos biógrafos de Pino Suárez. Pero sobre todo, el relato personal de esta historia me lo comunicó la propia Viuda de Pino Suárez, protagonista principal del relato.

Veamos como el poeta y ajedrecista Pino Suárez se topó con la Diosa Themis en tarde de Carnaval, en la persona de “Mariquita” Cámara y gracias al ajedrez venció las barreras de su familia.

En el sábado de Bando, del Carnaval de Mérida de 1893, a Maria Casimires Cámara (o De la Cámara, como apuntaban sus abuelos) Vales, le tocó personificar con su discreta belleza pero enternecedora elegancia, con sólo 15 años a la Diosa Themis. Verla en el carro alegórico y enamorarse, fue uno para aquel joven de 24 años, que dado a la poesía, estimulo su lira.

Además, daba la suerte que la casa de los Cámara Vales estaba cruzando la calle de la casa en donde vivía José María. No la había visto antes, pues ella estaba estudiando en una escuela particular de “Las Duarte”, (me imagino que algún tipo de institución de hermanas que daban clases). El caso es que no la había visto antes, máxime que la vida recoleta de esa época tendría al Carnaval como momento supremo para entablar amistades entre hombres y mujeres.

Me contó Doña Maria Cámara que su tío Don Agustín Vales Castillo, hermano de su madre Doña Carmen, al principio no veía con buenos ojos la relación con ese estudiante de Leyes, que además tenía fama de bohemio y que no tenía el nivel social de su sobrina. Además era conocida su amistad con Serapio Rendón, que con el seudónimo de “León Roch”, había escrito algunas puntillosas notas contra la explotación que los henequeneros hacían con los indios mayas. Dos años mayor que José María, en realidad Serapio no era él que influía en las ideas de Pino Suárez, sino al contrario.

El mayor en edad, era como hermano menor ante José María, además de que Pino Suárez le daba clases de ajedrez. Pero también había la cuestión socio económica. Los Cámara Vales no eran tan acaudalados como Don Agustín, ya que él era un prospero henequenero. Pero aún así, a pesar de que Don José María era sobrino de Don Joaquín Cassasús, Ministro de Instrucción de Don Porfirio y nieto de Don Pedro Sainz de Baranda, y sobrino del General Pedro Baranda; además de que su padre, Don Alfredo Pino Cámara, era pariente lejano de la rama de los Cámara Vales, la familia cercana de “Mariquita” no sería fácil de convencer. Pero ahí entró el ajedrez.

Nacido en Tenosique, Tabasco; Don José María Pino Suárez tenía sus raíces familiares en Yucatán, como mencionamos al hablar de su abuelo y tío. Su padre, Don Alfredo , decidió enviarlo a Mérida, bajo el cuidado de su amigo Camilo Carrancá.. Ahí destacó como estudiante José María y también como poeta.

Era muy comentado por los intelectuales de Mérida, el que este joven declamara el 30 de julio de 1892, a los 22 años, una composición suya en honor de Miguel Hidalgo y Costilla en el Palacio Municipal de Mérida, que le ganó la admiración de todos. Así que fama de escritor y poeta la tenía amplia, pero no de ser bueno para los negocios.

Don Camilo Carrancá jugaba ajedrez y lo hacía con varios amigos que estaban en el negocio del henequén. No faltó oportunidad de que jugase con Don Agustín Vales Castillo y pronto se concreto una partida de Don José María con el tío de su amada. El ganarle al tío las partidas y darle a conocer la verdadera forma de ser del poeta, a través de la rica conversación que transpiraba la claridad del alma de Don José María, terminó de convencer a Don Agustín a ser el intermediario que abriera las puertas de la casa de los Cámara Vales, que como apunté antes, estaba cruzando la calle de la de los Carrancá.

Don Raymundo Cámara Luján, padre de Mariquita, no era tan aficionado al ajedrez como el cuñado, pero había prometido darle unos panfletos de ajedrez que le había enviado su hermano, que era una especie de proveedor de ultramarinos para el comercio de Don Raymundo, que se encontraba en la “Calle Ancha del Bazar”, como me relataba Doña María Cámara, Viuda de Pino Suárez, pero al yo no conocer con exactitud mapas de la Mérida de aquellos años, antes de 1890, no podría decir con certeza donde estaría, aunque ella me recalcaba que en la “Bajada del Castillo”.

En fin, tal vez después podría identificar el lugar. El caso es que de La Habana le habían enviado a Don Raymundo ese material de Ajedrez y se lo quería dar al cuñado. Esa invitación sería el pasaporte a la casa de los Cámara Vales, acompañado nada menos con el tío magnate.

El caso es que también Don Camilo Carrancá se unió a la procesión y el joven de 24 años saldría de esa tarde con permiso de visitar a la señorita de 16 años. Doña María, “Doña Mariquita” le gusta le digan los jóvenes, que yo era entonces que charle con ella, mientras que Pino Suárez la llamaba “Maruca”, pero él nada más, entre breves lágrimas recordaba la historia mientras tomaba un ajedrez para mostrarme. Era aquel que le diera en 1933, veinte años después del asesinato de su marido, el Presidente de Cuba, Manuel Marquez Sterling, que a su vez le regaló Pino Suárez aquel año de 1893. Se uniría a otro que su tío, Don Agustín le regaló en 1914, como recuerdo del ajedrez con que jugo su primera partida con el martir poeta.

Doña Mariquita se casa con su enamorado el 8 de septiembre de 1896, dos años exactos después de que Don José María se gradúa como Licenciado en Derecho. El tenía 25 años y ella 19. Fue un noviazgo largo de tres años.

La afición al ajedrez y a la poesía se mantienen vivos en él por los años siguientes, y Don José María se volvería periodista, manteniendo amistad ajedrecística y literaria con Don Serapio Rendón, que también sería martir en aquellos años trágicos de 1913 y con Don Carlos R. Menéndez, insigne periodista yucateco y fundador del “Diario de Yucatán” y que posteriormente lo presentaría con Francisco I. Madero en 1910, en Progreso, con él que formaría un binomio inseparable en la tragedia de su historia.

Doña Mariquita me refiere que ella nació en marzo de 1877, y que ese mes siempre tenía significado para su familia en alegrías y tragedias. En ese mes nacieron y murieron muchos de su familia y que su esposo estaba empecinado en inaugurar el Club de Ajedrez en marzo y no llegar al 2 de abril.

En marzo de 1904 Don José María había fundado el periódico “El Peninsular” y Doña Mariquita sugirió que dijera a sus amigos, sobre todo a Don Egidio Torre, que deseaba celebrar la fecha del aniversario de “El Peninsular”, inaugurando el Club el mismo día.

Así lo hizo, convenciendo a todos que el 22 de marzo de 1908 sería la inauguración. El Arzobispo estaba complacido. El 22 de marzo sería una fecha para recordar.

El primer número del Peninsular fue el 19 de marzo de 1904, pero el último pago de la propiedad del equipo de imprenta se hizo el 22, por lo que para Pino Suárez fue su “inauguración”. Recuerda Doña Mariquita, que esa fecha quedará en su alma. Pues no sólo fue el aniversario de “El Peninsular”, y del Club de Ajedrez “Andrés Clemente Vázquez.

También en un día 22 de marzo mataron al Vicepresidente de México José María Pino Suárez y al Presidente Madero. Doña Mariquita y el poeta martir procrearon siete hijos: María, Alfredo, José, Abigail, Aída y Hortensia, primero, para después reanudar la serie con Cordelia, nacida cinco años después de Hortensia. El nieto se llamaría exactamente igual que el abuelo, Alfredo Pino Cámara.

Dos escritos recuerda en su alma, Doña Mariquita. Uno de ellos escrito en un papel que por frente tiene el anuncio de inauguración del Club de Ajedrez, el 22 de marzo de 1908, ahí escribió su hijo Alfredo un soneto que su papá compuso a su madre que decía:

A Maruca:

Vuelve a ti mi más alto pensamiento;
llegue hasta ti mi trova más sentida 
a ti, el último aliento de mi vida,
a ti, de mi ilusión, primer aliento

Esto lo escribió Pino Suárez mucho antes de su muerte, incluso Doña Mariquita piensa que fue un cuarteto de un soneto que le escribió cuando eran novios, pero que Alfredo Pino Cámara, su hijo, lo copió el 22 de marzo de 1914, para recordarle a su madre como suspiraba su padre por ella.
El otro escrito es una carta a lápiz, que le escribió a Serapio Rendón en aquellos aciagos días de 1913 cuando su amigo del ajedrez Manuel Marquez Sterling tenía la esperanza de llevarlos a Cuba, pero que el poeta martir no creía que el chacal Huerta lo permitiera.

La carta dice: "Dispensa que te escriba con lápiz y burdo papel. No te apenes si te digo que tal vez no nos volvamos a ver. Como tu sabes, hemos sido obligados a renunciar a nuestros respectivos cargos. No por esto están a salvo nuestras vidas. En fin. Dios dirá; por ahora te recomiendo que si algo malo me acontece, procures ver a mi esposa y consolarla. La pobrecita ha sufrido mucho, pues tu no sabes cuánto nos hemos querido"..."Si puedes manda un telegrama a O. M. que se haya en su hacienda cercana a Mérida. Cuéntale los hechos, dile toda la verdad de lo que ha pasado, según te lo permita la brevedad de un telegrama; y si viene a ésta, apresúrate a verle y llévale a mi esposa, pues si algo trágico me acontece ya sé que él, por ser pariente cercano, le servirá de abrigo".... "Pero ¿tendrán la insensatez de matarnos?" ..."Tu sabes, Serapio, que nada ganarían, pues más grandes seríamos en muerte que hoy lo somos en vida"...

Conocí a Doña Mariquita cuando cumplía ella los 92 años, en 1969, en casa de los Medina, en Mérida, no me aclaró si O.M. era Don Olegario Medina. Vivía Doña Mariquita con su hija Cordelia, en la casa de su yerno, Patricio Escalante. Pero el caso es que “Don Pepe” es recordado con gran veneración por los allegados a Doña Mariquita y todos me apuntan que era buen ajedrecista, igual que su padre Don Alfredo, que fue Campeón de Tabasco, algo que no he podido sustentar, pues no he encontrado documentación al respecto. Pero “Don Pepe” fue mi personaje trágico favorito desde entonces.
Doña Mariquita, profesora de varias generaciones, es toda generosidad. En el aúla trabajó por la juventud yucateca. Árbol de apoyo de muchas personas. Ya era tatarabuela orgullosa. “Siempre enseñe el ajedrez a los niños, pues mi esposo tenía al ajedrez por muy importante en su vida, usted sabe, fundó un club...” Mi amigo, Don Manuel Marquez Sterling, que a punto estuvo de salvar a mi esposo, luego hizo que me recibiera el Presidente Carranza y pude ver por mis hijos, y fui maestra”.
Doña Maria Casimira Cámara Vales, Viuda de Pino Suárez, interrumpe nuestra conversación, pues tiene que ir a recibir una medalla que le da el Senado de la República por más de 50 años de servicio a la Patria...

Con un beso, y dándole un papel en que anunciaba la creación del Club de Ajedrez José María Pino Suarez” en la Universidad Nacional, me despedí de Doña Mariquita ese año de 1969.

El 22 de marzo de cada año, no dejó de recordar aquella anécdota de la Diosa Themis y el ajedrez. También pienso que un 23 de marzo, el día del agrarista,.asesinaron a Luis Donaldo Colosio.

Hay un club de ajedrez en la Ciudadela, allá en la Ciudad de México, y cuando lo visité, enfrente de la Calle Manuel Marquez Sterling, me hace pensar en los personajes que se entretejen en la historia: El Papa Léon XII, el Arzobispo de Yucatán, los Presidentes de Cuba y México, los periodistas Pino Suárez, Serapio Rendón y Carlos R. Menéndez, que presenta a Madero con Pino Suárez, Doña Mariquita y hasta Don Porfirio Díaz y el chacal Huerta. La historia a veces la veo en un tablero de ajedrez.

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