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12/21/2006

MEXICO Y CUBA, HERMANADOS POR EL AJEDREZ


POR MI. RAUL OCAMPO VARGAS.


Un número amplio de artículos he escrito sobre la historia afín del ajedrez de México y Cuba. Prácticamente desde el inicio de la colonización de los españoles a la América Nuestra, la historia de ambas naciones se enlazó para no separarse. La España de ultramar de la que hablaba García Lorca se creo con la rica mezcla de varios continentes en la fragua americana. Indoamericanos, africanos, asiaticos y europeos se integran en la creación del ser iberoamericano. Primer continente totalmente mestizo, a América le compete el orgullo de ser la cuna del hombre fusionado, del hombre heredero de todas las culturas y todas las sangres. Puerta de enlace entre Europa y América, por Cuba pasará toda la cultura del viejo mundo europeo, mientras que Asia, a través de Acapulco y las Naos, entrará por México en camino a España, como lo fue aquel primer embajador japonés que en el siglo XVII llegó ante los Austrias.
El Ajedrez no podría escapar a la amalgama colonial de los españoles en América y a partir del siglo XIX, cuando la conciencia de nacionalidad cubana y mexicana tomaba cuerpo, da inició la fuerte y profunda relación entre ajedrecistas cubanos y mexicanos. Parte fundamental en ello la jugó un hombre muy especial, de sangre española, enamorado de México y con la cubanía acendrada de quien ha visto sus primeras luces en las campiñas donde es soberana la Palma Real.
Cónsul de México ante las autoridades españolas en Ciudad de La Habana, Don Andrés Clemente Vazquez y que fue honrado dando su nombre a uno de los primeros clubes en Yucatán, precisamente en donde hoy se encuentra el Centro Cultural Olimpo.
El Cónsul de que hablamos, el Dr. Andrés Clemente Vazquez Hernández, fue nombrado el 3 de junio de 1886 como Cónsul de México en La Habana, Cuba; en ese tiempo provincia real de España. El 22 de julio se embarcaba en el vapor "Washington" en Veracruz, desembarcando el 26 de julio en el muelle de la Luz, en el puerto de La Habana. Ejerció sus funciones durante 15 años, de los cuales desempeñó 10 años con la categoría de Decano del Cuerpo Consular, desde el día primero de abril de 1890 por unanimidad de votos secretos, hasta el fin de su vida, el 21 de febrero de 1901. Esperaba en esos días ser el Primer Embajador de México ante la República de Cuba, que iniciaría su existencia el 1 de enero de 1902.
Gran ajedrecista, en México fue fundador del Club de Ajedrez de México y al viajar a La Habana, sería uno de los socios más activos del Club de Ajedrez de La Habana, fundado en 1885.
Don Andrés Clemente Vazquez nació en tierras cubanas. El 22 de noviembre de 1844 nació en villa de San Julián de los Güines, a orillas del rio Mayabeque, hoy simplemente Güines, en la provincia de La Habana, hijo de Francisco Vázquez Ramos y Ana Josefa Hernández Padrón. El acta del bautizo dice que este se realizó el 4 de enero del 1845, y fue oficiado por el presbítero Francisco de Paula Almohalla, y fueron sus padrinos Antonio Zambrana y Manuela Vázquez.
En 1866 se graduó de Licenciado en Derecho, en la Universidad de La Habana, siendo autorizado para ejercer la abogacía, el 15 de octubre del 1867. En ese transcurso obtuvo varios premios incorporándose a las sociedades literarias de Bejucal y Matanzas.
El 1 de marzo de 1869 fue nombrado como Promotor Fiscal Sustituto en el Primer Distrito de la Alcaldía de Ciudad de La Habana, poco después de lograr su Doctorado en la Universidad de La Habana. Renunció y agobiado por la situación de la Guerra de los Diez Años, no deseaba servir a España, pero tampoco estaba decidido a seguir la causa independentista, decidiendo emigrar a México, como muchos cubanos hicieron para no participar en guerra fraticida. Don Andrés estaba muy influido por el círculo de reformistas de La Habana, y al igual que muchos jóvenes progresistas de su época, decide marchar al exilio voluntario como acto de disidencia. Solicita y obtiene del Gobernador político Domingo López Robert el pasaporte, partiendo con su esposa hacia Veracruz, México, en el vapor francés "Panamá", el 9 de marzo de 1869. Tras una breve estancia en aquel puerto, prosiguió para Ciudad México, donde fue muy acogido por los patriotas exiliados en aquel país. Ahí conoce a José Martí Pérez, a quien le enseña a jugar ajedrez. Hace amistad con la familia de la madre de Martí, Leonor Pérez, principalmente de las tías y primas del Apóstol de la Patria Cubana, entre ellas a Doña Antonia Pérez Zayas Bazán que le pide sea su chambelán en su fiesta de quince años, a pesar de la edad de Don Andrés, que residieron en México a partir de las guerras de independencia y radicando ahí hasta su muerte.
Doña Antonia casa con un general del ejército mexicano y tiene dos hijos, uno morirá en Cuba durante la guerra hispanoamericana militando en las fuerzas de Calixto García, con el nombre de capitán Antonio Vargas Zayas y fue enterrado en Santiago como Antonio Pérez Zayas por un error. Este hijo fue ahijado de Don Andrés y fue bautizado en la Iglesia de San Julián de la Ciudad de Mèxico.
Pero, volviendo a Don Andrés, su primera labor fue como gacetillero de "El Monitor Republicano", y a los cinco meses de su radicación en México, logra el puesto de segundo redactor del "Diario Oficial" hasta 1876. En el 1870 publicaba su primer libro denominado "La cuestión de Cuba", año en que deseaba acogerse a la ciudadanía mexicana, obteniendo su naturalización el 16 de enero de 1871, firmada por el Presidente Juárez. Vazquéz hace amistad con el yerno de Juárez, el abogado cubano Santacilia; y a través de él, con el Benemérito de las Américas.
Elegido como Diputado al Congreso en 1876, mismo año en que se corona Campeón Nacional de Ajedrez de México, gracias a sus esfuerzos, se editó en México la primera revista en español dedicada al Ajedrez en América Latina; “La Revista Mexicana de Ajedrez”. En 1878 es nombrado Oficial Mayor en la Secretaría de Hacienda.
En 1879 daba a conocer su obra "Algunos partidos de Ajedrez jugados en México."
En 1881 ingresa, mediante examen de oposición, al servicio exterior mexicano, y en noviembre de ese año fue nombrado Primer Secretario de la Legación de México ante América Central, y desde 1883 Encargado de Negocios y Sub-secretario interino de Relaciones Exteriores, participando en serias negociaciones diplomáticas. Con sus experiencias redactó su "Bosquejo histórico de la agregación a México de Chiapas y Soconusco", y "Recuerdos de una misión diplomática a Centro América".
En 1886 viaja, como apunte antes, como Cónsul de México a La Habana, donde se da tiempo para continuar su trabajo periodístico. Colabora en la organización del Club de Ajedrez de La Habana, que fuera fundado un año antes por aficionados celebres como el sabio Carlos J. Finlay, el jurista y varias veces Campeón de España, Don Celso Golmayo, presidente del Club, Don Canuto Valdés, Antonio de los Reyes Gavilán, J. J. Medina, Don Antonio Fiol, Enrique del Monte, exdirector del Observatorio Nacional, Alberto Ponce, Plácido Domínguez, Enrique B. Barnet, y Arístides Martínez.
El Club , bajo la dirigencia de Don Celso Golmayo organiza el 2do. y 4to. matches por el Campeonato Mundial de Ajedrez entre Steinitz y Chigorin en 1889 y 1892.
Precisamente Steinitz calificó al Club de La Habana como “El Dorado del Ajedrez”, por constituir el centro de atención en el mundo de la época.
El mismo año que se fundó el Club de Ajedrez de La Habana, Steinitz ganó el match con el que sería reconocido primer Campeón Mundial de Ajedrez oficialmente, ese título de Campeón Mundial, lo inventaron en ese año Steinitz y los promotores del match.
La primera defensa de su título, Stenitz la hizo, con los auspicios y financiamientos del Club, en La Habana frente al padre de la escuela rusa de ajedrez, Mikhail Chigorin, de enero a febrero de 1889.
Don Carlos A. Palacio nos habla del poder económico del Club: “ las fiestas que allí se celebraban a fines del siglo pasado eran fastuosas; las personalidades de mayor solvencia moral y las más holgadas eran asiduos concurrentes y los ingresos montaban frecuentemente los ochocientos pesos. Sólo en una tarde, en colectas ocasionales se reanudaba lo suficiente para traer algún maestro extranjero”. Por eso le llamaban “El Dorado del Ajedrez”.
El campeón retuvo la corona con score de 10,5 por 6,5; pero empezó perdiendo la primera partida.
La segunda partida del histórico duelo se jugó el 23 de enero y Chigorin perdió... pero pudo haber ganado, o cuando menos entablado, según les demostró Carlos J. Finlay a los propios contendientes.
La anécdota del hecho y los análisis de Finlay se conocen gracias a la pluma de Andrés Clemente Vázquez., que se constituyó en el principal cronista de este match y del segundo entre Steinitz y Chigorin.
Cuenta Clemente Vázquez en su libro “El ajedrez crítico” (La Habana, 1890) que la citada partida “dio lugar a un precioso análisis del doctor Carlos J. Finlay (...) que fue dado a conocer en la revista de ajedrez, y gustó extraordinariamente en todos los grandes centros del noble arte de Europa y América, pudiendo decirse sin exageración que ha dado la vuelta al mundo en periódicos de todas clases”.
Como un brillante táctico se nos revela Carlos J. Finlay con estos análisis, a partir del lance 24...Ch4 que se les escapó a los contendientes por el título mundial. Chigorin ganó la tercera partida, de modo que si se hubiera impuesto también en esta habría comenzado con un arrollador 3-0, y quién sabe si este elemento hubiera cambiado la historia.
El sabio Carlos Juan Finlay Borrés, historiador, patólogo, clínico y bacteriólogo camagüeyano falleció en La Habana en agosto de 1915. Orgullo de la humanidad por haber salvado tantas vidas, lo es también de los ajedrecistas, ya que el ajedrez se siente honrado por haberlo tenido entre sus cultores. En 1892 Finlay era vocal de la Junta Directiva del Club de Ajedrez de La Habana, además de haber sido, como apuntamos, uno de los socios fundadores cuando el Club se inició en los salones de la casona con el número 11 de la Calle de Mercaderes, entre Obispo y Obrapía.
En 1933, al cumplirse el centenario del natalicio de Finlay, la Conferencia de Texas aprobó que se reconociera el 3 de diciembre como Día Internacional de la Medicina.
De Don Andrés podemos apuntar que entre 1886 y 1891, compitió con los más famosos ajedrecistas del mundo: en 1886 con Ettlinger a quien le ganó 5-0; en 1887 perdió con Mac Kenzie, en 1888 con Steinitz, en 1889 con Chigorin y Gunsberg; y en 1891 vencía a Blackburne 2-0. En La Habanal difundió y publicó varias obras de Ajedrez: en 1889 "El Ajedrez crítico"; en 1890 "El tablero latino", "El cable-match Steinitz-Chigorin" y " Enigmas, problemas y posiciones curiosas de Ajedrez"; en 1891 funda la primera revista dedicada al ajedrez que tuvo Cuba: "El Pablo Morphy" y publica "El Ajedrez en Cuba"; en 1893 "La Odisea de Pablo Morphy en La Habana", "Los resolvedores de problemas del Ajedrez en Cuba" y "El Ajedrez de memoria". También fue autor de "El Ajedrez literario", "Ajedrez contemporáneo", y "Bocetos de Ajedrez".
Su obra "Reciprocidad judicial entre mexicanos y españoles" fue dada a conocer en 1891, dedicándola al su compañero socio del Club, el abogado Celso Golmayo, Campeón de Ajedrez de España y residente en La Habana, y en 1894 publicó su novela "Enriqueta Faber". Además escribió "Intervención de los cónsules en los juicios mortuorios de sus nacionales".
Entre 1894-95 edita su libro "Match de Ajedrez jugado entre los señores A. Clemente Vázquez y Manuel Marqués Sterling". En 1896 obtuvo la gloria de convertirse en Campeón de Ajedrez en Cuba, siendo además Presidente del Club de Ajedrecistas de México, y Miembro de Honor del Club de Ajedrez de La Habana; en ese mismo año publicó "Reminiscencias americanas", y "Páginas de Ajedrez".
Valiente periodista, deja a la historia la crónica más importante y confiable, sobre los sucesos acaecidos en La Habana durante la Guerra de 1895, y fundamentalmente la cruel campaña realizada con La Reconcentración implantada por el despótico Capitán General Valeriano Weyler entre 1896-97.
Al finalizar la guerra ayudó a reorganizar el Club de Ajedrez de La Habana, y entre el 1898 y 1899 editó "En el ocaso", "Reminiscencias americanas y europeas", "Leyendas trémulas", y "Entre Brumas".
En 1900 recobra el título de Campeón de Ajedrez en México, y escribe "El Ajedrez magistral". Recibe del General de División Porfirio Díaz Mori el compromiso de nombrarlo Primer Embajador de México ante la República de Cuba, tan pronto esta se proclame con la fecha establecida del primero de enero de 1902. Recibe el compromiso escrito de Díaz el 1 de enero de 1901, pero su salud es precaria y fallece el 21 de febrero de 1901, sin cumplir el anhelo de ver ondear la bandera cubana en El Morro, entre sus amadas hijas, a la edad relativamente temprana de 56 años de edad.
Este prolífico escritor es quizás el más celebre y capaz de entre los cronistas que un campeonato mundial de ajedrez ha tenido, pues no sólo era considerado uno de los más fuertes ajedrecistas de su tiempo, sino que la importancia política que tuvo, su cultura general y la consideración que en su tiempo se tenía de su persona, es difícil de igualar por otros cronistas.
Hombre de su tiempo, algunas de sus notas en los diarios habaneros parecieran hoy crónicas sociales de una élite que se divertía jugando ajedrez y que estaba un poco ajena a los problemas económicos de la sociedad “popular” cubana. Por esto ha sido criticado por algunos historiadores, pero es innegable que en la balanza de sus positivos y negativos es tanto lo bueno de Don Andrés y tan muy poco lo malo, que mereciera más homenajes que los que ya se le dan en su natal Gûines y los escasos en México.
Su gran legado al pueblo de México fue su magnífica biblioteca. El escribiría el 19 de julio de 1886 a Doña Antonia Pérez Zayas Bazán, prima hermana del apostol José Martí Pérez: “”Toñita, a esta tierra que tu y yo amamos tanto, que tal vez no pueda volver a contemplar, a estas personas que tan bien nos han recibido en las horas aciagas de nuestra patria, quiero dejarles lo que más amo, lo que de material más atesoré, aunque esto pudiera significar quitar un poco al patrimonio que he de legar a mis hijas. En reunir mis libros de ajedrez he gastado lo poco o mucho que gané en 15 años de servicio público en México, y no quiero sacar de este hermoso país, ya mio en derecho y en amor, nada de lo que en material me ha dado. Me llevo muchas cosas más valiosas, que ya en la sangre de mis hijas tengo lo azteca y lo maya, en su hablar me llevo la alegría propia huachinanga, con su colorido mestizo, ¿Qué màs valioso me puedo llevar a Cuba? Si no fuese por la ilusión de estar entre cubanos esperando la libertad, de ayudar en algo, no me iría nunca de la vista de las montañas. Toñita, tú que entre libros vives verás como estos queden en la Biblioteca Nacional de México, no quiero confiarle a otra persona que no seas tú, que amas tanto a México y a los mexicanos como yo. Así como tu hijo me acompaña, así como tú me lo encargas y te lo regresaré abogado, así te dejo mis libros para que los mexicanos los vean. En Cuba haré nuevos compañeros de lecturas de ajedrez. Voy con una generosa paga del gobierno siempre leal de este país. Se que difícilmente volveré al aire de las montañas y no contemplaré de nuevo El Borda ni Jurica, pero los llevo en mi corazón. Recuerda que me voy mexicano y siempre lo seré, pero nací en Cuba y para mi corazón los dos países viven sin fronteras en mi ánimo. Si el antiguo rival, me da una mano para cumplir mi deseo, no siento que me aleja por (ilegible) pero sin rencor agradezco al Gral. Díaz esta oportunidad de ser (ilegible) y con lealtad lo (ilegible) para besar de nuevo el altar de la Catedral en (ilegible) del día 8 de agosto en La Habana. Pido a Don Manuel, te mantenga al tanto de mis (ilegible) pero queda en prueba de que soy y seré siempre mexicano, por que lo somos todos. A tu abuelo llevaré mis súplicas de que de los encargos que me pides. Te dejo mis hijos impresos y mi corazón. Toñita no me olvides nunca. Clemente.
Entre cartas arrugadas y tarjetas postales de Cuba, Doña Antonia guardó las de su “Chambelán” de quince años Andrés Clemente. Ella falleció diez años después al parir su segundo hijo mexicano y Don Andrés no vería ondear la bandera de Cuba en El Morro. Mensualmente escribió a “Toñita” cartas Don Andrés y fue él quien le comunicó la muerte de su primo José Julián Martí Pérez, así como en la Iglesia de San Julián, en Güines puso una veladora en recuerdo del Apóstol Martir.



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